Madrid fue el destino y la meta soñada de los jóvenes e inquietos creadores españoles, a imitación del París de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Todo joven con inquietudes creadoras y deseoso de alcanzar el triunfo artístico dirígia sus pasos a ese Madrid, mitad burgués mitad bohemio, capital de un reino que no era capaz de caminar hacia la modernidad y donde las lacras del pasado más tenebroso todavía estaban muy presentes. Una ciudad que escondía sus miserias bajo las mesas y veladores de sus concurridísimos cafés.
La bohemia acampaba en ellos en espera de tiempos mejores y de triunfos literarios que nunca llegaron. Ese era el Madrid de Don Ramón María del Valle-Inclán y de sus personajes, tan humanos como literarios, en una mezcla esperpéntica de vida y muerte.
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