"Arturo llegó a Madrid con la mente preñada de ilusiones, doscientos reales en el bolsillo del chaleco, y dos dramas en el fondo de su baúl". (…) Madrid es el sueño dorado del poeta de provincias. Desde un rincón de su modesto hogar contempla a través de un prisma fascinador una sociedad que desconoce, unos hombres que admira". (…)
Entonces los pequeños soñadores de provincias recuerdan estos versos del inmortal soñador que cantó a Granada: "¡Gloria! ¡Esperanza! Sin cesar conmigo / templo en mi corazón alzaros quiero, / que no importa vivir como el mendigo por morir como Píndaro y Homero". (Zorrilla). "(…) Porque Madrid es el Leviatán del libro de Job, todo lo traga, todo lo destroza, todo lo devora". (Fragmentos de El frac azul).
"La vida bohemia, como dicen los franceses, apenas se comprende en provincias, pero en Madrid ya es otra cosa; porque Madrid es el inmenso hospital donde se refugian todos los desheredados, todos los soñadores, todos los perdidos de España". (El frac azul). Además, los personajes de la novela española recuerdan muy de cerca de los de Murger y hasta hay una Mimí tísica, Enrica, abandonada por su amante que se ha ido a Roma a perfeccionar su arte.
Rubén Darío, en su prosa, prodiga las alusiones a Murger, y también se refiere a la bohemia en un temprano texto de 1895, afirmando categóricamente que ya no existe ni en el Barrio Latino de París. Tiene conciencia de que los personajes de Murger han desaparecido y que los cambios sociales y políticos han dispersado los alegres cenáculos de antaño. Para Gómez Carrillo, a pesar del mercantilismo y el positivismo, la bohemia vuelve a estar de moda, y siempre lo estará. Se multiplican las ediciones de la obra de Murger; porque las ilusiones de la juventud. No hay motivo para el temor: el pecado principal cometido contra la sociedad por los personajes de las historias románticas de Murger es el de no pagar sus cuentas.
José Esteban




